"QUE NADIE LES QUITE LA ALEGRÍA INTERIOR"

Del reciente viaje del Papa a la isla de Cuba reproducimos hoy aquí el saludo que dirigió, el pasado 27 de marzo, a todos los representantes en el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre.
"He venido como peregrino hasta la casa de la bendita imagen de Nuestra Señora de la Caridad, "la Mambisa" como ustedes la invocan afectuosamente. Su presencia en este poblado de El Cobre es un regalo del cielo para los cubanos.
Deseo saludar cordialmente a los aquí presentes. Reciban el cariños del Papa y llévenlo por doquier, para que todos experimenten el consuelo y la fortaleza en la fe. Hagan saber a cuantos se encuentran cerca o lejos, que he confiado a la Madre de Dios el futuro de su patria, avanzando por caminos de renovación y esperanza, para el mayor bien de todos los cubanos".
ORACIÓN POR LOS QUE SUFREN Y LOS JÓVENES
"También he suplicado a la Virgen Santísima por las necesidades de los que sufren, de los que están privados de libertad, separados de sus seres queridos o pasan por graves momentos de dificultad.
He puesto asimismo en su inmaculado Corazón a los jóvenes, para que sean auténticos amigos de Cristo y no sucumban a propuestas que dejan la trsiteza tras de sí. Ante María de la Caridad, también me he acordado de modo particular de los cubanos descendientes de aquellos que llegaron aquí desde África, así como de la cercana población de Haití, que aún sufre las consecuencias del conocido terremoto de hace dos años".
UN RECUERDO PARA LOS CAMPESINOS
Y no he olvidado a tantos campesinos y a sus familias, que desean vivir intensamente en sus hogares el Evangelio, y ofrecen también sus casas como centros de misión para la celebración de la Eucaristía.
A ejemplo de la Santísima Virgen, animo a todos los hijos de esta querida tierra a seguir edificando la vida sobre la roca firme que es Jesucristo, a trabajar por la justicia, a ser servidores de la caridad y perseverantes en medio de las pruebas.
Que nada ni nadie les quite la alegría interior, tanj característica del alma cubana.
Que Dios los bendiga. Muchas gracias".

LA PRIMERA COMUNIÓN DE NUESTRO HIJO

En los meses de mayo y junio cuando se acostumbra a celebrar en las parroquias las Primeras Comuniones, momento muy importante en la vida de los niños cristianos. Aunque el tiempo del año más apropiado para este tipo de celebraciones sacramentales (bautizos, confirmaciones, primeras comuniones) es el llamado -en el calendario cristiano- Tiempo de Pascua, que termina con el domingo de Pentecostés, también se puede tener en el resto del año.
Hoy nos referimos a las Primeras Comuniones que, como dijimos, representan un momento muy importante en la vida y educación cristiana de nuestros niños.
Y ¿cual suele ser la actitud de los padres, primeros educadores de sus hijos, ante este acontecimiento?
Depende mucho de su propia vivencia de la fe. De todos modos, tenemos la impresión de que, para bastantes de ellos, la Primera Comunión de sus hijos no pasa de ser un mero acto social, una fiesta familiar como otra más, un espectáculo tierno. No alcanzan a ver y a valorar la trascendencia de este acto religioso.
SE NECESITA UNA BUENA PREPARACIÓN
Es muy importante que los niños se preparen bien para su Primera Comunión. Por ella se incorporan de forma consciente a la comunidad cristiana adulta y manifiestan, a su modo, que desean seguir a Jesús.
Lo normal es que, a partir de los seis años, asistan semanalmente a la catequesis parroquial de niños. Una catequesis que, por su forma de impartirse, hace que los niños no sólo adquieran conocimientos sino que, además, se vayan sintiendo miembros de una comunidad celebrativa. Y hacia los nueve años de edad es cuando se les invita a celebrar la Primera Comunión, para la, cual recibirán una preparación específica en la misma parroquia.
¿SOLOS O EN GRUPO?
Es una pregunta que suele hacerse con motivo de las Primeras Comuniones. Nuestra respuesta es clara: preferentemente en grupo, dado el carácter comunitario y más participativo de esta forma de celebración. Eso si, hay que evitar tanto el individualismo como la masificación. El ideal es que sea una celebración con carácter íntimo, familiar y comunitario, además de religiosa y festiva.
Naturalmente es indispensable la colaboración de los padres con la parroquia. Para ellos suelen organizarse encuentros previos a los que deben asistir ambos: padre y madre.
Finalmente conviene recordar que la Primera Comunión no es una meta. El niño debe seguir madurando su fe a través de la catequesis y debe seguir celebrando el sacramento del Perdón y el de la Eucarsitía. Y hacia los 14-16 años culminará (o debiera culminar) su iniciación cristiana con el sacramento de la Confirmación.

CELEBRAR LA PASCUA HOY

Durante el tiempo pascual: el tema de la Resurrección de Jesucristo está constantemente en las lecturas de las misas. Es lógico: la Resurrección del Señor es un dogma básico de nuestra fe cristiana. Son, además, varias las veces que el Señor Resucitado se hizo visible a sus discípulos, llenando sus vidas de inmensa alegría.
Pero lo interesante es que, más tarde, aquellos discípulos y la cantidad creciente de nuevos cristianos que se les iban uniendo seguirían celebrando reuniones entre ellos cada ocho días, cada domingo, recordando el día en que el Señor resucitó. Y recordando también aquello que el mismo Señor les había dicho: "Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allé estaré yo en medio de ellos".
EL DOMINGO, NUESTRA PASCUA SEMANAL
Hoy seguimos celebrando encuentros como aquellos en la Misa dominical, que es nuestra Pascua semanal.
Ahora, no estaría mal que nos hiciéramos a nosotros mismos esta pregunta: ¿por qué asisto a misa los domingos? ¿Por una simple costumbre heredada de mis antepasados o porque Alguien me convoca?
Hoy afortuandamente los cristianos que practican su Religión, no suelen hacerlo por presiones familiares o sociales sino por convicción, porque quieren celebrar su fe con total libertad.
En efecto, las razones que deben imperar en la vida de un cristiano para participar en la Misa dominical deben ir en esta dirección: porque la Misa es un encuentro con los hermanos que tienen la misma fe que yo y que un día también recibieron en el Bautismo, igual que yo. Porque son discípulos y seguidores de Jesús, igual que yo. En la Misa del Domingo vamos a escuchar con paz la Palabra de Dios, que nos marca la ruta a seguir durante la semana en nuestra vida personal, familiar y social. Y podemos definir también la Misa dominical, como el encuentro de los creyentes con Cristo Resucitado para celebrar juntos el gran acontecimiento de su Muerte y Resurrección.
COMPARTIR EL PAN CON LOS DEMÁS
Un gesto típico de Jesús por el que descubrieron los discípulos que era Él mismo, después de su Resurrección, fue el de partir y compartir el pan con ellos. Un gesto cargado de amistad, solidaridad y compañía.
Compartir el pan con los demás debe ser también un gesto típico de los que celebramos cada Domingo la Pascua del Señor. A la Misa venimos a aprender a compartir nuestro pan con los demás.
No lo dudemos: el mundo, la sociedad humana, nuestra tierra, sólo serán mejores cuando sus habitantes practiquemos la lección de compartir le pan con los demás. Hoy la señal de la presencia de Cristo entre nosotros no son los milagros. La señal es que nos vean a los cristianos compartir el pan con los demás. Compartir el pan material cuando a nuestro lado hay hambre física; el pan del perdón cuando hay ofensa o agravio; el pan de la alegría cuando predomina la ira o la desesperación; el pan de la compañía cuando se vive en soledad; el pan del consuelo y del amor cuando impere el abandono y el dolor.
En nuestras misas de cada domingo ¿vamos aprendiendo esta importante lección, sí o no?

CELEBRAR LA PASCUA

Nos encontramos en tiempo de Pascua. Para los cristianos la Pascua es la mayor de todas las fiestas. Tanto es así que celebramos no un solo día sino durante cincuenta días.Y durante este tiempo la Iglesia en su litúrgia canta con júbilo: "¡El Señor ha Resucitado y vive con nosotros, aleluya!". Esta es la gran noticia que, desde hace veinte siglos, sigue pregonando por todo el mundo y en todas las lenguas de la tierra.
La Resurrección de Jesucristo ocupa el centro de nuestra fe cristiana. Nosotros somos discípulos de un Crucificado, pero lo somos -sobre todo- de un Resucitado.

LA EXPERIENCIA MÁS FUERTE
DE SUS VIDAS

Lo Apóstoles, que acompañaron a Jesús en los últimos años de su vida mortal y presenciaron el entusiasmo con que el pueblo acogía su persona, se sintieron duramente fracasados al verlo morir en una cruz. Y en esta situación de tristeza y amargura sólo pensaban en huir de la gente, abandonar Jesrusalén y volver sigilosamente a su tierra de origen. Pero es también entonces, al tercer día de su muerte, cuando de forma inesperada el Señor se les muestra vivo. Y esto cambia radicalmente sus vidas; se les abren los ojos y, con estusiasmo desbordante, gritan: "¡El Señor vive, ha Resucitado, está con nosotros!". Fue la experiencia más fuerte e inolvidable de sus vidas. Y es aquí también cuando nace la Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios.

EL CIRIO PASCUAL

Durante los cincuenta días que dura la Pascua preside nuestras celebraciones un gran cirio encendido que simboliza a Cristo Resucitado, Luz del mundo.
Pese al enorme progreso científico y técnico del mundo actual, la verdad es que sigue habiendo mucha oscuridad, mucha confusión de ideas, muchos sentimientos que respiran malicia y crueldad.
Nosotros como cristianos hemos de volver nuestros ojos hacia la Luz, que es Cristo, dejándonos iluminar y guiar por su doctrina, su moral, su vida.
Hablamos de celebrar la Pacua. Está bién, pero eso aún es poco. La Pascua hay que vivirla. No basta con creer que Cristo Resucitado es la Vida ("Yo soy la Resurrección y la Vidad") Yo debo esforzarme para que Cristo sea vida en mi.
  • Yo debo ser Pascua: debo transmitir alegría, luz y consuelo a los que sufren.
  • Yo debo ser Pascua: debo transmitir esperanza e ilusión, ansias de vivir al que se siente marcado por el desengaño y el fracaso.
  • Yo debo ser Pascua: debo ofrecer cariño y amistad al que vive solo o se siente marginado.
  • Yo debo ser Pascua: una mano abierta para perdonar y dar la paz a tantos que viven esclavos del pecado o del odio.
  • Yo debo ser Pascua: debo transmitir a todos el Amor que Dios nos tiene y ser capaz de servir a otros con alegría, sin esperar recompensa alguna.

Esto es celebrar la Pascua

CONFESAR NUESTROS PECADOS

"TODO FIEL, LLEGADO AL USO DE RAZÓN, DEBE CONFESAR SUS PECADOS GRAVES AL MENOS UNA VEZ AL AÑO" (C.989)
Durante la cuaresma, que ya está a punto de terminar, la Iglesia nos invita a encontrarnos con nosotros mismos, a revisar a la luz del Evangelio el tipo de vida que estamos llevando y a convertirnos, alejando de nosotros el pecado. Esta conversión implica, entre otras cosas, acudir al Sacramento de la Penitencia y confesar ante el sacerdote nuestros pecados.
A veces uno se encuentra por ahí con personas que te dicen: "Yo ya me confieso directamente con Dios, le pido perdón de mis pecados y no necesito acudir a la confesión. Y, sin embargo, sí hay que confesarse. Recordemos que Jesús ha querido que el perdón de los pecados graves cometidos después del Bautismo se recibiera a través de la Iglesia. Por algo dijo a sus Apóstoles: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados y a quienes se los retengáis les quedan retenidos" (Jn 20, 22-23). Y de ello la Iglesia ha tenido conciencia viva desde siempre. Y este poder divino lo ejerce a través del ministerio sacerdotal.
¿Y los sacerdotes -pudiera alguien ingenuamente preguntar- también confiesan sus pecados? La respuesta es que sí. Es más, la Iglesia recomienda insistentemente a los sacerdotes y a los religiosos que lo hagan con mayor frecuencia: cada quince días o incluso semanalmente. Es que su ministerio y su consagración especial a Dios les están exigiendo una mayor santidad de vida.

ELEMENTOS DEL SACRAMENTO Y FORMAS DE CELEBRACIÓN
La teología nos recuerda que son cuatro los elementos que no pueden faltar en este sacramento: LA CONTRICIÓN o dolor de los pecados, LA CONFESIÓN de los mismos ante el Sacerdote y la ABSOLUCIÓN. Los tres primeros son propios del penitente y el último del sacerdote.
En cuanto a la forma de celebrar este sacramento, la Iglesia propone dos formas ordinarias:

a) Cuando se reconcilia un solo penitente con confesión y absolución individuales.
b) Cuando se reconcilia un grupo de penitentes que, previa la celebración en común de la liturgia de la Palabra, hacen uno a uno su confesión ante el sacerdote y de él reciben la absolución.
Finalmente existe una tercera forma, sólo para casos excepcionales y con permiso del Obispo. Consiste en reconciliar a muchos penitentes con confesión general y absolución colectiva. Los así absueltos de pecados graves quedan, sin embargo, con la obligación de confesar individualmente esos mismos pecados en la primera oportunidad que tengan (Rit. Pen. nn. 31-34). Es decir, que de un modo u otro hay que contar con la CONFESIÓN.
Demos, pues, al sacramento del perdón toda la importancia que tiene. En la Cuaresma, concretamente acudamos a él. Es el abrazo de Dios y de la Iglesia al hijo pródigo que vuelve a casa.

HIGIENE MENTAL DE LOS MAYORES

( Tres actitudes que debemos cuidar: Con uno mismo, con los demás y con Dios)
Queremos hoy dedicar esta primera página de Pobo de Deus a nuestros mayores, transcribiendo un artículo del Dr. José Serrano publicado en la revista "VIDA ASCENDENTE" (enero-febrero 2012)
El desiquilibrio mental aparece en la enfermedad, el dolor, la soledad, la depresión, el miedo, la angustia, la violencia...
Distinguimos tres actitudes para defendernos y no caer en ese desequilibrio:
ACTITUD CON UNO MISMO
  • Aceptar con serenidad las limitaciones que nos impone la edad
  • Ser feliz con lo que tenemos, sin ambicionar quimeras y sin envidiar lo que otros tienen
  • Estar siempre activos: evitando el sedentarismo, andar 1/2 ó 1 hora al día; manteniendo la ilusión del quehacer diario; disfrutando cada momento. "Poca cama, poco plato y mucha suela de zapato" decía el profesor Calvo Melendro.
  • Saber adaptarse a los cambios que hayamos de vivir: domicilio, económicos, salud... "Hemos de inventar cada día nuestro otoño".
  • No desperdiciar el tiempo que nos queda, sino coronar en esa etapa lo que nos falta por hacer, aprovechando el tiempo. "Añadir vida a los años, mejor que años a la vida".

ACTITUD CON LOS DEMÁS

  • Vivir es convivir. Uno será feliz cuando haga felices a los demás.
  • Cultivar la amistad. Si te encuentras solo, busca a otro que esté más solo que tú.Visita enfermos, ancianos, presos, amigos..."En el atardecer de la vida nos examinarán del amor".
  • Hacer buenas obras sin esperar agradecimiento. Ayuda a los hijos, a los nietos, a los amigos..."Lo que tuve lo gané, lo que tengo lo perdí, sólo queda lo que dí".
  • Sonreír siempre. "La distancia más corta entre dos personas es la sonrisa". La alegría serena es un don cristiano.

ACTITUD CON DIOS

  • La fe es la primera sílaba de la felicidad. "La felicidad se logra por la fidelidad, no por la facilidad". "El justo en la vejez seguirá dando fruto". Dios nos quiere vivos: "No cortes aún esta viña, tal vez pueda dar algún fruto el año que viene".
  • Debemos aceptar la enfermedad y el dolor. "Señor, no te entiendo, pero acepto tu voluntad". Dar garcias por las oportunidades.
  • La oración en sus diversasd formas: vocal o mental, meditativa o contemplativa. "La oración es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios".
  • Aceptar las pequeñas cruces de cada día: no rehuir sacrificios ni tareas; no enfadarnos por pequeñeces; no quejarnos de los demás.




LA CUARESMA: AYUNO, LIMOSNA Y ORACIÓN

La cuaresma es tiempo y don de Dios para nuestra conversión. También para tomar conciencia de la obra de la Salvación realizada en Jesucristo y por Jesucristo.


La cuaresma es un tiempo muy apto para abrirnos a la Palabra de Dios: leerla, meditarla, poner nuestra existencia bajo su luz.


UN CLIMA DE ORACIÓN Y PENITENCIA


La cuaresma es tiempo para vivir en un clima de oración: una oración de súplica humilde, confiada e insistente.

Importante también en el camino cuaresmal es el ayuno. Entendiendo por ayuno no sólo el privarnos de ciertos alimentos sino el ayuno del pecado, el ayuno del "hombre viejo" o pecador, el renunciar a los propios intereses para seguir los caminos de Jesucristo, el privarnos de algo en favor de alguien necesitado...


La actual normativa eclesiástica que prescribe la abstinencia de carne en los viernes de cuaresma, y el ayuno y la abstinencia en el Miércoles de Ceniza y en el Viernes Santo, puede ayudarnos a vivir ese segundo camino cuaresmal de renuncia al pecado y a los propios caminos para abrazar los caminos de Cristo.

Otra práctica tipicamente cuaresmal es la limosna como expresión de la caridad y la solidaridad


EL DECÁLOGO DE LA CONVERSIÓN CUARESMAL

Queremos ahora resumir en diez puntos todo aquello que implica la conversión cuaresmal.


  1. La conversión es recordar que el Señor nos hizo para sí y que toda nuestra vida sólo se plenifica cuando volvemos a Él.


  2. La conversión es la llamada insistente a que asumamos nuestras debilidades y las purifiquemos.


  3. La conversión es rectificar los pequeños o grandes errores y defectos de nuestra vida.


  4. La conversión es entrar en uno mismo y, a la luz de la Palabra de Dios, tamizar la propia existencia y descubrir lo que hay en nosotros de vana ambición, de presunción innecesaria, de limitación y egoísmo.


  5. La conversión es cambiar nuestra mentalidad mundana, lejana al evangelio, y transformarla en una visión cristiana y sobrenatural de la vida.


  6. La conversión es cortar nuestros caminos de pecado, de materialismo, paganismo, consumismo, sensualismo, secularismo e insolidaridad y emprender el verdadero camino de los hijos de Dios.


  7. La conversión es examinarnos de amor y encontrar nuestro corazón y nuestras manos más o menos vacías.


  8. La conversión es renunciar a nuestro viejo y acendrado egoísmo, que cierra las puertas a Dios y al prójimo.


  9. La convesión es mirar a Jesucristo y contemplar su cuerpo desnudo y roto, y responder con amor al que es AMOR y no es amado.


  10. En definitivas, la conversión, obra de la gracia de Dios y del esfuerzo del hombre, será encuentro gozoso, sanante y transformador en Jesucristo.